
Meta asegura chips de IA de AMD por u$s60.000 millones y aspira al 10% de la firma
Redacción MBA
Meta acaba de dar uno de los movimientos más agresivos del nuevo “mercado petrolero” de la inteligencia artificial: la capacidad de cómputo. El acuerdo, que combina suministro masivo de GPU con un paquete de warrants atado al desempeño de AMD, reconfigura el mapa competitivo frente a Nvidia y marca una nueva fase en la relación entre big tech y fabricantes de chips. Para el ecosistema, es una señal clara de que los gigantes de plataformas no solo quieren asegurar hardware, sino también participar directamente de la plusvalía bursátil de quienes lo producen.
Los números del acuerdo: 6 GW de cómputo y hasta u$s60.000 millones
El pacto establece que AMD suministrará a Meta procesadores de inteligencia artificial con una capacidad agregada de 6 gigavatios (GW) de cómputo durante los próximos cinco años. Según la propia CEO de AMD, Lisa Su, cada gigavatio de cómputo se valora en “decenas de miles de millones” de dólares, lo que lleva el monto potencial del contrato a alrededor de u$s60.000 millones en ese período.
En términos operativos, el despliegue arranca con el envío de 1 GW de capacidad basada en la nueva generación de GPU Instinct MI450, prevista para la segunda mitad de 2026. A este paquete se suman CPUs EPYC personalizadas para centros de datos de Meta, diseñadas para maximizar rendimiento por watt, un factor crítico dada la escala energética de estas infraestructuras.
La estructura es multigeneracional: el acuerdo cubre varias iteraciones de GPU Instinct y CPUs EPYC, alineando las hojas de ruta de producto de AMD con los ciclos de actualización de la infraestructura de IA de Meta. Para AMD, significa visibilidad de demanda en el segmento más caliente del mercado; para Meta, acceso prioritario a silicio avanzado en un contexto de fuerte presión sobre la oferta global de chips de IA.
La opción de hasta 10% de AMD: warrants, condiciones y plazos
El elemento más sofisticado del acuerdo no está solo en los racks, sino en la estructura financiera. AMD emitió a favor de Meta un warrant para comprar hasta 160 millones de acciones a un precio de ejercicio simbólico de u$s0,01 por acción. Ese volumen equivale a aproximadamente el 10% del capital de AMD al momento del anuncio.
La adquisición de ese potencial 10% no es inmediata: los warrants se “van ganando” por tramos a medida que AMD entrega GPU y Meta escala sus pedidos hasta el total de 6 GW, y se suman condiciones ligadas a metas técnicas, comerciales y a la evolución del precio de la acción. El último tramo solo se habilita si el papel de AMD alcanza alrededor de u$s600, un nivel muy por encima de los aproximadamente u$s196–197 en los que cotizaba antes del anuncio, que disparó la acción más de 10–14% en operaciones previas a la apertura.
En la práctica, Meta no está pagando hoy por el 10% de AMD, sino comprando una opción altamente apalancada sobre el futuro de la compañía, cuyo costo económico se “paga” en forma de compromisos de compra de chips y la escala de despliegue de su infraestructura de IA. Para AMD, el diseño de warrant alinea incentivos: solo diluye capital si entrega volumen, logra hitos de producto y crea valor bursátil significativo.
Competencia con Nvidia y el nuevo mapa de poder en chips de IA
La jugada se inscribe en una carrera que hasta ahora ha tenido a Nvidia como actor dominante, pero donde los grandes compradores están buscando explícitamente diversificar su dependencia. Meta ya había anunciado un acuerdo multimillonario con Nvidia para “millones” de GPU en los próximos años, pero el pacto con AMD muestra que la estrategia será multifuente: Nvidia para determinadas cargas y AMD, más sus propios chips internos, para otros segmentos.
Para AMD, este es el segundo megadeal de este tipo en pocos meses, tras un acuerdo similar con OpenAI que también combinó suministro de 6 GW con la posibilidad de tomar hasta un 10% del capital a través de warrants, replicando casi punto por punto la lógica estructural ahora aplicada a Meta. El mensaje al mercado es nítido: la compañía busca consolidarse como el principal “segundo proveedor” de GPU de IA para los hyperscalers, erosionando el monopolio de facto de Nvidia en el segmento de entrenamiento e inferencia a gran escala.
Más allá de la rivalidad directa, el acuerdo refuerza una tendencia: los grandes compradores ya no se conforman con contratos de suministro, sino que exigen alineamiento estratégico profundo, desde la co-diseño de chips hasta el acceso preferencial y participación en el upside financiero del proveedor. Ese modelo de “circularidad” —acciones a cambio de compras masivas de hardware, como definió la prensa financiera— comienza a convertirse en estándar en la economía de la IA.
Qué busca Meta: inferencia masiva, modelos abiertos y control de infraestructura
Meta lleva varios años elevando su apuesta por la IA generativa, con la familia de modelos Llama como punta de lanza de su estrategia open source y la integración de asistentes y agentes en Facebook, Instagram y WhatsApp. Para sostener esa visión, la compañía ha venido incrementando agresivamente su CAPEX en centros de datos y financiamiento para infraestructura, incluyendo una emisión de bonos por u$s30.000 millones destinada, en buena parte, a expandir capacidad de cómputo.
En este contexto, los chips de AMD se orientarán principalmente a tareas de inferencia, es decir, la ejecución de modelos ya entrenados para atender a miles de millones de usuarios en tiempo real. Los procesadores MI450 y las CPUs a medida estarán optimizados para eficiencia energética y costo por token procesado, un punto crítico cuando se proyecta un salto en el uso de agentes, chatbots y experiencias de IA integradas a las plataformas sociales.
Directivos de la compañía reconocen que la escala de las cargas de trabajo exige una combinación de tecnologías: Nvidia, AMD y el desarrollo de silicio propio convivirán en los data centers de Meta, reduciendo riesgos de suministro y mejorando poder de negociación frente a cada proveedor. Para la comunidad de desarrolladores que se monta sobre el ecosistema Llama y las APIs de Meta, esto se traduce en una promesa de mayor disponibilidad, menor latencia y, potencialmente, costos más competitivos de cómputo en el mediano plazo.
Implicancias para el mercado y oportunidades para la región
En los mercados, la reacción inmediata fue premiar a AMD, que vio subir su capitalización en decenas de miles de millones de dólares en cuestión de horas, mientras los analistas recalculan su cuota potencial en el negocio de GPU para IA. La señal para competidores y startups de hardware es que el juego ya no es vender chips “al por menor”, sino amarrar acuerdos integrales que combinen roadmap tecnológico, escalas de gigavatios y estructuras de equity con los grandes compradores de cómputo.
Para actores de mercados emergentes como Argentina y la región, el movimiento refuerza una realidad: el cuello de botella no está solo en el talento o en los modelos, sino en el acceso estable a capacidad de cómputo de alta gama. Esto abre espacio a integradores, proveedores de servicios gestionados y empresas que puedan empaquetar esta infraestructura global —de AMD, Nvidia u otros— en soluciones accesibles para gobiernos, banca, agro, industria y pymes tecnológicas locales.
El desafío para políticas públicas y estrategia corporativa será leer esta “financiarización” del cómputo: cuando los grandes se aseguran gigavatios y opciones de equity, el resto del mercado queda condicionado a cómo se redistribuye esa capacidad a través de la nube y de acuerdos de segundo nivel. Allí habrá margen para hubs regionales, alianzas público-privadas y nuevos modelos de negocio que acerquen este poder de cómputo a escala local.


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