Cuatro arquitecturas compiten por salir del laboratorio, mientras gigantes y startups venden potencia futura sobre un problema mucho más urgente: la seguridad digital global podría quedar vieja antes de que la industria madure.
Washington prometió USD 2.013 millones para nueve firmas cuánticas y eligió a IBM como pieza central con un foundry dedicado. El movimiento no solo subsidia tecnología: también instala al Estado como accionista y arquitecto industrial.
La contienda entre gigantes tecnológicos ha evolucionado desde las primeras batallas por el dominio del software hasta la nueva frontera de la computación cuántica. A medida que nos adentramos en 2025, dos contendientes emblemáticos se perfilan en este campo: el procesador Nighthawk de IBM y el Willow de Google.
Aramco y Pasqal ponen en marcha una computadora cuántica en un centro de datos industrial para mejorar decisiones de energía, logística y nuevos materiales.
Cuando la matemática deja de proteger: IBM demuestra que un ordenador cuántico puede vulnerar la criptografía actual y obliga a replantear la confianza digital en la era poscuántica.
La innovadora propuesta de Microsoft abre la puerta a una nueva era en computación cuántica, prometiendo transformar los centros de datos y redefinir los mercados tecnológicos globales.
Innovación en inteligencia artificial, avances en telefonía inteligente y un audaz salto cuántico posicionan a la firma como pionera en la reinvención de la industria.
IBM Quantum es un sistema de computación cuántica desarrollado por IBM que aprovecha las leyes de la mecánica cuántica para resolver problemas demasiado complejos para las computadoras clásicas.
El rastreo de una dirección cripto encontrada en el teléfono de Fernando Cerimedo abrió una línea de investigación en Bolivia sobre operaciones por decenas de millas de dólares y conexiones con billeteras de mayor volumen. Pero la transparencia de la blockchain no reemplaza una prueba judicial de titularidad ni de origen de los fondos.
Más de 100 compañías tecnológicas, financieras y de ciberseguridad firmaron un llamado global para reforzar defensas antes de que los modelos de IA se conviertan en viejas fallas digitales en ataques masivos. La advertencia no es futurista: hospitales, redes de agua, bancos y servicios públicos aparecen como los sectores más expuestos.
La expansión de los modelos generativos ya no depende solamente de mejores aplicaciones. Chips, energía, centros de datos, inversión y reglas de acceso empiezan a definir una nueva disputa económica: quién puede usar la IA para crear valor y quién queda condicionado por proveedores externos.
OpenAI presentó GPT-6 Astra, un modelo que combina mejor desempeño en tareas profesionales, uso autónomo de computadoras y capacidades de ciberseguridad que obligan a replantear qué controles necesitan empresas, gobiernos y desarrolladores.
Un sistema interno de OpenAI habría demostrado que las ecuaciones de Navier-Stokes pueden desarrollar una singularidad en tiempo finito. La prueba fue formalizada en Lean, pero todavía enfrenta la revisión de especialistas y quedó rodeada por denuncias de posible apropiación de trabajo ajeno.
Jacob Coxon dejó Anthropic con una advertencia extrema sobre la inteligencia artificial automejorable. Más allá del tono apocalíptico, su decisión vuelve visible una tensión concreta: las empresas que prometen construir sistemas seguros también compiten por llegar primero.
Dario Amodei, CEO de Anthropic, propuso que los laboratorios de frontera sometan sus sistemas a evaluadores externos permanentes y coordinen límites de seguridad. El planteo llega después de incidentes que muestran que los agentes de IA ya pueden eludir controles, colaborar fuera de las reglas e ingresar a infraestructuras ajenas.