
Altman vs Musk: la batalla por los centros de datos de IA en el espacio
Redacción MBA
Altman respondió sobre centros de datos espaciales en una entrevista organizada por The Indian Express, en el marco de un evento en Nueva Delhi. Allí dijo: “con el panorama actual, poner centros de datos en el espacio es ridículo”, aunque admitió que “tendrá sentido algún día”. Según explicó, los altos costos de lanzamiento frente al costo de la energía en la Tierra y la imposibilidad de reparar GPUs defectuosas en órbita hacen que los centros de datos orbitales “no vayan a importar a escala en esta década”.
Qué plantea SpaceX: 1 millón de satélites para IA
SpaceX presentó ante la FCC una solicitud para lanzar hasta un millón de satélites que funcionen como centros de datos orbitales alimentados por energía solar, pensados para cargas de trabajo de IA. En el filing, la empresa afirma que estos satélites serían “la forma más eficiente de satisfacer la demanda creciente de cómputo de IA”, al usar energía solar con costos operativos reducidos.
La propuesta contempla satélites distribuidos en cascarones orbitales estrechos, entre unos 500 y 2.000 kilómetros de altura, con la ambición de añadir hasta 100 gigavatios de capacidad de cómputo si se alcanza una cadencia de lanzamiento de un millón de toneladas anuales. Hoy ya hay alrededor de 15.000 satélites en órbita, la mayoría operados por SpaceX, por lo que la idea de multiplicar por más de 100 esa cifra dispara alarmas sobre congestión orbital y basura espacial.
Lonestar y la Luna como capa de resiliencia de datos
Lonestar Data Holdings avanza por otro carril: centros de datos en la Luna centrados en almacenamiento y resiliencia, no en cómputo masivo de baja latencia. En 2025, su carga Freedom Data Center viajó más de 300.000 km hacia la Luna a bordo de un módulo de Intuitive Machines, completando pruebas comerciales y técnicas en espacio cislunar.
La compañía ofrece servicios de almacenamiento seguro y recuperación ante desastres (DRaaS) desde esta infraestructura lunar, usando SSDs endurecidos y sistemas diseñados para soportar radiación y condiciones extremas. Su hoja de ruta prevé una serie de misiones adicionales y naves dedicadas hasta 2030, con capacidad creciente para actuar como una nueva capa de infraestructura crítica “off‑planet”.
Por qué Altman pide frenar el hype
La crítica de Altman apunta a que el entusiasmo por centros de datos espaciales puede desviar recursos y atención de problemas más urgentes en la infraestructura terrestre: eficiencia, suministro eléctrico y regulación ambiental de los data centers. Su argumento es que, mientras los lanzamientos sigan siendo caros y el hardware de IA requiera reemplazos frecuentes, la ecuación económica seguirá favoreciendo la construcción de centros de datos en regiones con abundante energía renovable y buena conectividad.
Al mismo tiempo, la carrera espacial por el cómputo abre un frente geopolítico y regulatorio: de aprobarse proyectos como el de SpaceX, organismos como la FCC y las agencias espaciales deberán definir límites de densidad orbital, normas de mitigación de desechos y esquemas de responsabilidad en caso de colisiones o fallas de infraestructura crítica en órbita. En ese contexto, la frase de Altman funciona menos como un rechazo absoluto y más como un llamado a poner plazos realistas sobre una idea que muchos en la industria consideran inevitable a muy largo plazo.
Implicancias para la industria y oportunidades futuras
Para los grandes proveedores de nube y actores de IA, el mensaje práctico es que la década 2020‑2030 seguirá dominada por centros de datos terrestres, con foco en eficiencia energética, nuevos chips y una expansión vinculada a parques renovables y a nodos de transmisión robusta. El espacio, por ahora, se comporta como un laboratorio de alto perfil para resiliencia (Lonestar) y como apuesta estratégica de muy largo plazo (SpaceX y otros), más que como alternativa inmediata de escala.
Si en los próximos años el costo por kilo en órbita cae tanto como proyectan Musk y otros, y se robustecen las cadenas de mantenimiento y reemplazo automatizado en órbita, el péndulo podría empezar a moverse hacia modelos híbridos en los que parte del cómputo intensivo se desplace fuera del planeta. Hasta entonces, el choque Altman‑Musk sirve como termómetro: indica que el debate ya está instalado en la cúpula de la industria, pero también que la ventana de maduración real del cómputo espacial para IA está más cerca de las próximas dos décadas que de los próximos dos ciclos de producto.​


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