La apuesta de Alphabet combina capital, nube y poder de cómputo: arranca con USD 10.000 millones y puede escalar a USD 40.000 millones si la startup cumple metas de desempeño.
Sam Altman enfrió la idea de centros de datos de IA en órbita, a la que calificó de “ridícula por ahora”, mientras Elon Musk impulsa una megaconstelación de satélites y Lonestar acelera su apuesta por data centers en la Luna.
En un evento interno, Elon Musk y su equipo dibujaron una hoja de ruta que mezcla modelos, mensajería, pagos y —a largo plazo— infraestructura espacial. La promesa: ganar la carrera de la inteligencia artificial no solo con mejores algoritmos, sino con más cómputo, más energía y un “sistema operativo” social-financiero donde la IA viva integrada.
Tras una década de promesas desmesuradas, la inteligencia artificial deja de venderse como varita mágica y empieza a ser evaluada como lo que es: una infraestructura costosa, poderosa y limitada que ahora debe demostrar resultados concretos. El mercado empieza a exigir pruebas: adopción real, retorno medible y un modelo de negocio que cierre sin quemar fortunas en cómputo y data center.
En un trimestre marcado por la euforia de la inteligencia artificial, NVIDIA revela cifras récord que consolidan su reinado en el mercado de chips, aunque las tensiones geopolíticas y la concentración de poder tecnológico invitan a un escrutinio más profundo sobre el futuro equitativo de la innovación.
El ambicioso proyecto planea ser el mayor centro de datos de América Latina, transformando el panorama tecnológico y económico regional con una fuerte apuesta estratégica y geopolítica.
Durante su histórica gira por Oriente Medio en mayo de 2025, el presidente Donald Trump cerró acuerdos millonarios para impulsar la inteligencia artificial fuera de EE. UU., facilitando el acceso a chips avanzados y poniendo en marcha proyectos estratégicos de data centers en Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos.
La primera encíclica del pontífice se publicará el 25 de mayo y no eligió un tema devocional sino uno industrial: la dignidad humana frente a la inteligencia artificial, con un gesto explícito hacia la tradición social inaugurada por Rerum novarum*. *
Washington prometió USD 2.013 millones para nueve firmas cuánticas y eligió a IBM como pieza central con un foundry dedicado. El movimiento no solo subsidia tecnología: también instala al Estado como accionista y arquitecto industrial.
La biotecnológica de Alphabet cierra una megarronda que la convierte en uno de los jugadores mejor financiados de la IA aplicada a fármacos, mientras su motor IsoDDE promete ir más allá de AlphaFold y tensiona el modelo tradicional de I+D.
Google habilitó de forma progresiva la opción de renombrar cuentas Gmail a otra dirección @gmail.com, manteniendo todos los correos, archivos y accesos anteriores. El proceso tiene límites precisos que vale conocer antes de activarlo.
Strauss Zelnick, el CEO de Take-Two cree en la inteligencia artificial como motor de productividad, pero sostiene con convicción que ningún modelo de lenguaje puede fabricar el próximo Grand Theft Auto. La paradoja de un ejecutivo "all in" que también cerró su propio equipo de IA.
Microsoft presentó una portátil de 15 pulgadas con chip NVIDIA, hasta 128 GB de memoria unificada y una promesa ambiciosa: correr IA pesada en local, justo cuando el costo por token vuelve a escena.
Cuatro arquitecturas compiten por salir del laboratorio, mientras gigantes y startups venden potencia futura sobre un problema mucho más urgente: la seguridad digital global podría quedar vieja antes de que la industria madure.