El Pentágono llevó a Claude a la guerra para capturar a Maduro

El uso de la IA de Anthropic en la operación para capturar a Nicolás Maduro abre una nueva fase en la militarización de modelos generativos, tensiona la agenda de “IA segura” y deja a las Big Tech frente a un dilema incómodo: negocio, poder y ética ya no se pueden separar.

Sociedad y TecnologíaAyerRedacción MBARedacción MBA
pentagono claude venezuela

La revelación de que el Pentágono utilizó Claude, el modelo de inteligencia artificial de Anthropic, en la operación militar que terminó con la captura de Nicolás Maduro en Caracas, no es solo un dato más en la cronología de la crisis venezolana: es la escena inaugural de una nueva doctrina tecnológica de guerra, donde modelos comerciales entrenados para responder correos y resumir documentos empiezan a operar en el corazón de decisiones letales. Detrás del titular hay algo más que una anécdota: una cadena de acuerdos con empresas como Palantir, una batalla política dentro del propio Departamento de Defensa y una disputa de fondo sobre quién define los límites éticos de la IA cuando el cliente se llama Pentágono. Medios de altisima importancia como Wall Street Journal y Reuters abordaron el tema, lo que nos motivó a este articulo agregandole una perspectiva latinoamericana.


Qué hizo Claude en la operación contra Maduro


Según fuentes citadas en el Wall Street Journal y reconstruidas por medios como Reuters, Axios y otros, Claude fue utilizado por las fuerzas estadounidenses durante la operación que derivó en la captura del ex presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, trasladados luego a Nueva York para enfrentar cargos de narcotráfico y narco‑terrorismo. La misión incluyó bombardeos sobre varios objetivos en Caracas y un despliegue de fuerzas especiales que, según Washington, se saldó sin bajas estadounidenses, aunque Caracas y La Habana reportaron numerosos muertos entre soldados y personal de seguridad venezolano y cubano.

Claude no fue enchufado “directamente” al Pentágono, sino que entró por una puerta ya conocida: su integración en las plataformas de Palantir Technologies, el gigante de análisis de datos que desde hace años provee infraestructura a la defensa y a agencias federales de seguridad. Palantir ofrece entornos clasificados donde distintos modelos de IA pueden operar sobre grandes volúmenes de información sensible, y Claude fue uno de los primeros modelos de un gran laboratorio comercial habilitado en ese tipo de redes clasificadas. Lo relevante no es solo que la IA haya estado presente, sino que lo hizo en un teatro de operaciones real, con bombas cayendo sobre una capital latinoamericana y con decisiones tácticas y estratégicas en juego.

Aunque los detalles técnicos finos permanecen clasificados, el patrón que describen las fuentes es consistente con otros usos militares de sistemas generativos: apoyo al análisis de inteligencia, síntesis de reportes, priorización de información, generación de escenarios y asistencia a la toma de decisiones en tiempo real a partir de flujos de datos heterogéneos. En el ecosistema de software de Palantir, eso se traduce en agentes de IA que pueden cruzar imágenes satelitales, interceptaciones de comunicaciones, reportes de campo y bases históricas para proponer rutas de acción o evaluar riesgos operacionales.


La paradoja Anthropic: vender “IA segura” al Pentágono


La participación de Claude es especialmente incendiaria porque choca de frente con el discurso de Anthropic, que se ha posicionado como la empresa de “IA segura”, con una carta de principios que prohíbe, al menos en teoría, el uso de sus modelos para facilitar violencia, desarrollar armas o hacer vigilancia masiva. Sus políticas de uso declaran que Claude no debe apoyar aplicaciones armamentísticas ni de represión interna, y la empresa presume de mecanismos como la “IA constitucional” para alinear el modelo con valores humanitarios.

El problema es que, en la práctica, esas líneas rojas se vuelven borrosas cuando el cliente es un Estado que planifica una operación encubierta y la presenta como una acción legítima de justicia internacional contra un acusado de narco‑terrorismo. Anthropic insiste en que no comenta sobre operaciones específicas y que cualquier uso de Claude —civil o gubernamental— debe cumplir sus políticas, pero al mismo tiempo habilita el modelo en entornos clasificados operados por terceros, donde el control real sobre cada caso de uso se vuelve opaco.

No es la primera fricción entre la compañía y el gobierno estadounidense. Informes previos ya habían mostrado el malestar de funcionarios de la administración Trump por las limitaciones de Claude para tareas de vigilancia doméstica, lo que generó presiones para flexibilizar los términos de uso en contratos con agencias como el FBI y el Servicio Secreto. Ahora, la operación en Venezuela expone la otra cara de esa tensión: Anthropic como proveedor clave de capacidades de IA en entornos militares clasificados, mientras negocia contra reloj qué significa, concretamente, “no ayudar a matar gente” en un contexto bélico.

openai vs antrophicGuerra total en la IA: Claude 4.6 vs GPT‑5.3 Codex y el nuevo mapa global

Un Pentágono ansioso por IA… y poco paciente con límites


Del lado militar, la señal es clara: el Departamento de Defensa quiere modelos comerciales plenamente disponibles en sus sistemas, con las menores restricciones posibles, siempre que el uso cumpla con la legalidad estadounidense. La visión que se filtra desde altos mandos es que los proveedores que cuestionen o condicionen cómo se usan sus modelos en el campo de batalla pueden convertirse en un riesgo operativo y, por lo tanto, en candidatos a ser reemplazados.

Axios reporta que, tras las notas sobre el rol de Claude en la captura de Maduro, un alto funcionario del gobierno expresó preocupación porque Anthropic habría preguntado si su software se había usado en la misión, algo que dentro del Pentágono se leyó casi como una amenaza velada de objeción ética. Esa sola duda bastó para que se hablara de “reconsiderar” la relación con la empresa, en un contexto en el que también están sobre la mesa acuerdos con otros gigantes como OpenAI, Google o xAI, cuyos modelos pueden desplegarse con salvaguardas menos rígidas que las que Anthropic intenta mantener.

La ironía es que el propio Pentágono se ha presentado como socio de laboratorio en materia de “IA responsable”, por ejemplo en proyectos conjuntos para asegurarse de que modelos como Claude no puedan ayudar a construir armas nucleares, en colaboración con la Administración Nacional de Seguridad Nuclear de Estados Unidos. Esa faceta de cooperación regulatoria convive, en la práctica, con un impulso a incorporar IA en todas las fases de la planificación, ejecución y evaluación de operaciones militares, desde la selección de objetivos hasta la gestión de la narrativa pública posterior al ataque.


América Latina como laboratorio geopolítico de la IA militar


Para la región, el dato de que un modelo comercial de IA haya sido parte de una operación que incluyó bombardeos sobre la capital venezolana y terminó con el traslado de un presidente latinoamericano a tribunales estadounidenses no es menor. Tras la captura, análisis de medios como The Economist describieron la acción como compleja, costosa y resultado de meses de planificación de inteligencia que combinó infiltración humana, drones y capacidades tecnológicas avanzadas.

La captura de Maduro fue leída por muchos gobiernos y analistas regionales como un ensayo general de la nueva estrategia de seguridad de Washington, que poco antes había publicado una Estrategia de Seguridad Nacional con foco explícito en reafirmar su influencia en el hemisferio occidental. El hecho de que el primer golpe visible de esa doctrina haya sido un comando en Caracas apoyado por IA refuerza la sensación de que América Latina se convierte, de facto, en campo de pruebas de la integración entre operaciones especiales, plataformas de datos tipo Palantir y modelos generativos como Claude.

Al mismo tiempo, el uso de IA en un contexto bélico con alta carga simbólica —un presidente latinoamericano esposado y llevado a Nueva York bajo acusaciones de narco‑terrorismo— pone presión sobre gobiernos de la región que ya desconfían del rol de empresas tecnológicas estadounidenses en seguridad interna, vigilancia y control de fronteras. Si el mismo modelo que ayuda a una startup a ordenar tickets de soporte puede contribuir, unos clics más allá, a decidir qué edificio es un objetivo militar legítimo en Caracas, la discusión sobre soberanía tecnológica deja de ser abstracta.


El dilema de las Big Tech: ¿hasta dónde acompañar la guerra?


Lo que está en juego va más allá de Anthropic. OpenAI, Google, Palantir, Microsoft, Amazon y otras grandes tecnológicas enfrentan la misma pregunta: ¿qué límites están dispuestas a imponer —y a sostener— cuando los contratos en juego son millonarios, el cliente es el aparato militar de la mayor potencia mundial y la competencia no se detiene? La propia Anthropic ya ha sido señalada como uno de los “caballos negros” del sector, una empresa con retórica misionera en torno a la seguridad que al mismo tiempo busca crecimiento agresivo en mercados corporativos y gubernamentales.

Del lado regulatorio, la captura de Maduro con apoyo de IA ocurre en un momento en que proliferan llamamientos a supervisar el uso militar de modelos generativos, especialmente en tareas de selección de objetivos, guerra electrónica y operaciones de información. Expertos en seguridad y algunos ex funcionarios advierten que delegar partes críticas del proceso de decisión a sistemas opacos, entrenados con datos que nadie fuera de las empresas conoce, introduce riesgos de errores sistémicos, escaladas no previstas y violaciones al derecho internacional humanitario difíciles de atribuir o investigar.

Para los laboratorios de IA, el cálculo es incómodo: renunciar a contratos de defensa implica ceder terreno a rivales menos escrupulosos; aceptarlos sin condiciones los coloca como coprotagonistas de operaciones militares con costos humanos y políticos que no controlan. La operación contra Maduro muestra que esa elección ya no es teórica y deja flotando una pregunta que, tarde o temprano, también deberá hacerse América Latina: cuando la próxima crisis estalle en la región, ¿cuánta parte del guion se escribirá desde una consola de IA alojada en un data center a miles de kilómetros?

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