
Encíclica e IA: León XIV pone a Roma a discutir el poder
Redacción MBA
Cinco días antes de su publicación oficial, la primera encíclica de León XIV ya dejó de ser solo una novedad religiosa para convertirse en una señal política, cultural y tecnológica. El Vaticano confirmó que Magnifica humanitas será presentada el 25 de mayo, lleva fecha del 15 de mayo y está dedicada a “la protección de la dignidad humana en la era de la inteligencia artificial”, una formulación que ubica al nuevo Papa en una discusión que ya no pasa solo por Silicon Valley ni por los reguladores estatales. El dato más elocuente no es únicamente el tema, sino el encuadre: la firma coincide con el 135º aniversario de Rerum novarum, la encíclica de León XIII que abrió la doctrina social moderna de la Iglesia frente a la primera gran revolución industrial.
Una encíclica que elige terreno
Los papas suelen usar su primera encíclica para fijar prioridades de pontificado. León XIV eligió la IA. Eso importa porque corre el eje desde la fascinación técnica hacia una pregunta más incómoda: quién decide qué vale una persona cuando los sistemas automáticos empiezan a ordenar el trabajo, filtrar información, modelar conductas y administrar recursos a escala masiva. La elección del título, Magnifica humanitas, también funciona como tesis: la humanidad no aparece como residuo de la innovación sino como criterio de evaluación de esa innovación.
Conviene detenerse en otro detalle. La presentación del documento no quedará restringida al circuito eclesiástico ni a una lectura puramente doctrinal. Entre los expositores confirmados figuran los cardenales Víctor Manuel Fernández y Michael Czerny, junto con académicas de ética y teología política y Christopher Olah, cofundador de Anthropic. Esa mesa sugiere que el Vaticano no quiere intervenir desde afuera de la conversación tecnológica, sino disputar sus fundamentos con actores que participan del desarrollo real de la IA. No es una postal habitual: una encíclica social presentada con teólogos, especialistas en ética pública y uno de los nombres ligados al núcleo técnico del boom de modelos avanzados.
La herencia de León XIII
León XIV ya había dado pistas sobre esa línea al explicar por qué tomó su nombre pontificio. En mayo de 2025 sostuvo ante el Colegio Cardenalicio que eligió León en referencia a León XIII, porque Rerum novarum enfrentó la cuestión social en el contexto de la primera revolución industrial. En ese mismo mensaje dijo que la Iglesia debía ofrecer su doctrina social ante “otra revolución industrial” marcada por los avances de la inteligencia artificial y sus desafíos para la dignidad humana, la justicia y el trabajo.
La analogía no es menor. Rerum novarum fue la respuesta católica al desorden social generado por la industrialización del siglo XIX: salarios de subsistencia, explotación obrera, asimetría de poder entre capital y trabajo, y necesidad de reconocer derechos colectivos. Al vincular su encíclica con esa tradición, León XIV no está diciendo simplemente que la IA exige prudencia moral; está insinuando que el cambio tecnológico actual puede producir una nueva reconfiguración del poder económico y del lugar del trabajo humano. Dicho de otro modo, el problema no sería solo qué puede hacer una máquina, sino qué clase de sociedad queda cuando esa capacidad se traduce en decisiones empresariales, estatales y culturales.
El Vaticano entra en la discusión del trabajo
Hay una paradoja en el centro de esto. La IA suele venderse como una herramienta de eficiencia, productividad y abaratamiento de costos, pero la respuesta de León XIV la ubica en un terreno donde esos beneficios no son suficientes si aumentan la desigualdad o diluyen responsabilidades humanas. El pontífice ya había planteado que los avances en IA abren desafíos concretos para la defensa de la dignidad humana, la justicia y el trabajo, tres palabras que remiten menos a la innovación que a sus efectos distributivos.
Ese enfoque se conecta con una preocupación más amplia que el Vaticano ya venía sosteniendo. Bajo el pontificado anterior, la Santa Sede reclamó un tratado internacional para regular el desarrollo y uso de la IA y advirtió sobre su utilización bélica, la pérdida de control sobre la realidad y la necesidad de reglas globales. León XIV parece moverse en continuidad con esa agenda, pero con un paso más: convertirla en el núcleo de su primer gran texto magisterial y hacerlo bajo la forma clásica de una encíclica social. Eso eleva el tema desde el nivel de pronunciamiento ocasional al de doctrina de largo plazo.
No solo moral, también gobernanza
Lejos de ser una anécdota vaticana, la jugada llega en un momento en que la gobernanza de la IA sigue fragmentada. Empresas tecnológicas anuncian automatización, gobiernos intentan regular sin frenar competitividad y el debate público oscila entre promesas grandilocuentes y alarmas difusas. En ese paisaje, el Vaticano intenta introducir una variable que muchas veces queda subordinada: la protección de la persona humana como límite previo, no como daño colateral a corregir después.
También hay una lectura institucional. El hecho de que la presentación incluya a Christopher Olah indica que Roma entiende que la discusión ética sobre IA ya no puede hacerse sin interlocución con quienes construyen modelos y definen arquitecturas técnicas. Sin embargo, el matiz importa: invitar a un cofundador de una firma de frontera no equivale a validar sin reservas la agenda del sector. Más bien parece un intento por fijar un terreno de discusión donde la autoridad moral no renuncie a hablar con el poder técnico, pero tampoco se subordine a él.
Qué puede cambiar después del 25 de mayo
Todavía no se conoce el texto completo, de modo que cualquier lectura cerrada sería prematura. Pero ya hay elementos suficientes para identificar el movimiento central: León XIV eligió inaugurar su pontificado doctrinal con una intervención sobre la IA, la dignidad humana y la cuestión social, atando explícitamente ese gesto a la memoria de Rerum novarum. Eso obliga a leer la encíclica no como un documento para especialistas en religión, sino como una tentativa de influir en la conversación más amplia sobre automatización, empleo, poder corporativo, formación de subjetividades y límites normativos de la técnica.
Para América Latina, el efecto puede ser especialmente interesante. La región no lidera el desarrollo de modelos fundacionales ni la fabricación de chips, pero sí padece con rapidez los impactos asimétricos de las tecnologías importadas: mercados laborales más frágiles, sistemas educativos desiguales, Estados con menor capacidad regulatoria y dependencia creciente de plataformas externas. Esa brecha vuelve relevante cualquier marco que discuta la IA desde derechos, trabajo y justicia, y no solo desde competitividad o adopción. Si Magnifica humanitaslogra formular ese lenguaje con precisión, el Vaticano habrá hecho algo más que publicar una encíclica: habrá intentado reinstalar una vieja pregunta en clave del siglo XXI. Cuando las máquinas prometen decidir mejor, ¿quién protege lo que no debería quedar nunca reducido a cálculo?




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